Hace más de veinte años
en esta bella ciudad
se dieron cita obligada
cuarenta tunas o más
con alguna estudiantina
que se quiso aproximar.
Fue glorioso aquel encuentro,
certamen según algunos:
todos los tunos de España
con sus instintos gatunos
llegaron con la guadaña
de sus ojos aceitunos
para romper corazones
y llevarse más de uno.
Se llenaron nuestras calles
de laúdes y bandurrias
guitarras y panderetas
bufoncillos saltarines
y millares de mozuelas.
Las “tunadas” sonaban
entre centenarias piedras
y el eco nos alcanzaba
augurando una gran fiesta.
Pasamos el día cantando
al ritmo de los tunantes
nuestros amigos ya estaban
corridos de tanto cante,
un poquito celosillos
y templando bien su aguante.
Por fin llegó la hora
de entrar en el Capitol
para medir las fuerzas
de la música y la voz
de la gracia y el salero
de estos chicos lisonjeros.
No recuerdo quien ganó
ni en este día ni al otro
pero tras las actuaciones
entre grandes ovaciones
el jolgorio prosiguió.
Nos pidieron los pendientes
para colgar en su banda
su capita o su chaleco
como si fueran flecos
a modo de gran trofeo
por haber amado a tantas.
Una de mis compañeras
muy adepta al elemento
perdió el sentido un momento
y seña y santo les dió
del lugar en que aquel año
estaba sito el balcón
del piso donde vivíamos
mis dos amigas y yo.
No volvimos a casa
hasta las “miliquientas”
suponiendo que a esa hora
después de las trescientas
copas que se habrían tomado
ya se habrían olvidado
de ir a rondar nuestra puerta.
Mas no fue así,¡VIVE DIOS!
que en estando ya en la cama
arropadas por Morfeo
oímos fuera un gorjeo
que nuestros nombres clamaba
al tiempo que las guitarras
desgarraban el silencio
pidiendo con sentimiento
que saliésemos al balcón.
“
Mocita sal al balcón
mira que pasa la tuna
y viene a darte la luna
a entregarte el corazón...”
Y.. dime sabio lector
¿Quién se resiste a eso
Estando “tos” como un queso
de perfume embriagador
si a los diecinueve añitos
los cuerpos..., hormonas son?
Después de varias canciones
nos pidieron de cenar
¿Quién se podía negar?...
Del palo del cepillo
le colgamos un chorizo
y lo íbamos a bajar...
cuando... de un perfecto brinco
el más alto, dentro está
de nuestro comedorcito
sentadito en el sofá.
Luego subieron los otros
aunque se fueron los más
en casa quedaron cuatro
y ninguno del lugar
dos había malagueños
de Salamanca era otro
y el cuarto era de "
Graná"
Se comieron el chorizo
con un gran trozo de pan,
y de nuestras magdalenas
pronto buena cuenta dan,
junto con dos bricks de leche
y seguro que algo más,
que pasados tantos años
ya he conseguido olvidar.
Arañaron sus guitarras
nos regalaron canciones
mirándonos a los labios
y también los camisones.
Los ojos se nos caían
por la fatiga y el sueño
al fin uno que se dio cuenta
y dijo muy apenado:
"
venga niñas a la cama
que ya estamos agotados"
Tres de ellos se levantaron
sacudiendo la pereza
y moviendo con destreza
sus capotes..., se alejaron.
Quedó el otro agradeciendo
dando besitos por todo
y sonriendo de un modo
que nos causaba extrañeza.
Fuimos hasta la puerta
para despedir al tuno;
de los otros tres ninguno
estaba ya en la escalera
y pensamos: "
cuanta prisa"
por salir de esta leonera.
Antes de candar la puerta
escuchamos un ronquido
que como fiero bramido
provenía de mi cuarto.
Allí estaba el granaíno
arropadito en mi cama
durmiendo a pata suelta
y con la capa quitada.
El lecho de mis amigas
malagueños ocupaban
vertiendo en andaluz
sus enormes carcajadas.
Llamamos al que se iba:
“
oye, llévate de aquí
a tus amigos piltrafas
que ya es hora de dormir
y no de dar tanta brasa”
“
Por mucho que yo les diga
no se van a levantar
sólo vosotras podéis
ponerlos en su lugar”
Y diciendo estas palabras
se alejó a paso ligero
mientras yo con ceño fiero
llenaba un jarro de agua.
Una de mis amigas
agarro la zapatilla
y al malagueño de turno
le arreó en la "
rabailla".
La botella del viangre
ha cogido la Pepita
para quemarle los ojos
a aquel tuno sibarita.
Entre empellones y golpes
los sacamos de la cama
como si fueran tres ranas
y no tres fornidos hombres.
Con sus risas asustadas
se disculparon muy mucho
y tras robarnos un beso
salieron como aguiluchos
volando por la escalera.
Muy nerviosas y agitadas
a dormir por fin nos fuimos
y llegada la mañana
otras sisas descubrimos.